DÍA 5:
EL MÉTODO LOUVRE
El método Louvre fue llamado así después de la experiencia de la escritora Darlene Moore, quien primero practicó este ejercicio, una tarde en el patio del Museo del Louvre en París. Esa noche, cuando se fue a dormir en la cama de su habitación de hotel de la Orilla Derecha, se sintió a sí misma separada de su cuerpo. Minutos después, sintió como si estuviera literalmente volviendo a su cuerpo tumbado en la cama desde el otro lado de la habitación. Había tenido su primera experiencia extracorpórea.
El ejercicio alertó a Moore con respecto a sus experiencias sensoriales; la hizo capaz de explorar intensivamente no sólo el oído, sino el olfato, el gusto, así como la vista y el sentido del tacto. Para llegar a
saber más de las sensaciones relacionadas con su cuerpo, fue capaz, paradójicamente, de abrir su mente subconsciente a la posibilidad de tener una OBE.
Para practicar el Método Louvre, necesitarás un compañero que te ayude a guiarte en el ejercicio. Comienza eligiendo una ubicación rica en variedad de formas, texturas y sonidos. No deberá ser un lugar que hayas utilizado ya antes para otra parte del Programa de Vuelo Libre, ni tampoco un lugar donde hayas pasado algunos ratos en otras ocasiones. Una plaza, parque o playa serán unas buenas elecciones para realizar este ejercicio.
Tus ojos deben permanecer cerrados durante toda la sesión, que te llevará al menos dos horas completas. (Te sugerimos que lleves un par de gafas de sol de modo que atraigas menos la atención de los extraños que haya a tu alrededor). Tú y tu compañero no os hablaréis el uno al otro ni a ninguna otra persona durante lo que dure el ejercicio. En vez de ello, tu compañero utilizará un contacto físico directo para guiarte con éxito por la zona y ofrecerte una selección de experiencias sensoriales no visuales estimulantes.
Permanece con tu compañero hasta llegar al final del escenario elegido. Luego, respira profundamente y cierra los ojos. Presta deliberadamente atención al sonido de tu propia respiración, así como a los sonidos que te rodean. Al igual que con el ejercicio del oído, intenta percibir los sonidos en múltiples capas que se cruzan y mezclan uno con otro. (Observa la diferencia entre la forma en que percibes el sonido con los ojos cerrados y la forma en que lo percibías durante el ejercicio del Día 3, cuando tenías los ojos abiertos). Tómate unos momentos para absorber estas capas de sonido, y luego transmite a tu compañero que estás preparado para continuar, apoyándote en su hombro.
Tu compañero te ofrecerá una variedad de experiencias sensoriales sorprendentes y contrastadas, teniendo especial cuidado en guiarte a través de tu entorno. El o ella puede, por ejemplo, introducirte en una fuente que maneje colocando tu mano bajo ella. Escucha el sonido de la fuente, manando lentamente por tus manos hacia el borde, y luego siente la textura del agua. Tu compañero puede luego sorprenderte con una experiencia contrastante, por ejemplo, ofreciéndote un manojo de olorosas hojas marchitas para que lentamente las huelas y las desmenuces en tus manos. Escucha las hojas cuando las desmenuzas. Percibe su textura y continúa percibiendo los sonidos de tu respiración. Siente las hojas y cómo huelen sutilmente diferente antes y después de haberlas desmenuzado en tus manos. A lo largo de todo el ejercicio, tu compañero estimulará todos tus sentidos no visuales, poniendo especial énfasis en el terreno del tacto.
Tú, por otra parte, debes explorar tus sensaciones físicas como nunca antes lo hayas hecho.
Sé curioso. Cuando tu compañero te guíe en derredor tuyo, utiliza tu sentido del oído, olfato y tacto para comunicarte con determinados aspectos de tu entorno de forma especial. Observa que tu sentido de ti
mismo y de la realidad cambian sutilmente cada vez que enfocas tu atención en un sentido distinto, o una combinación de sentidos. Después de una hora u hora y media, tu compañero te hará que abras los ojos. siéntate en un banco a la sombra, de forma que los ojos no puedan lastimarse por la luz. Si has estado llevando gafas de sol, quítatelas ahora. Respira profundamente, abre los ojos y observa cómo tu conciencia de ti mismo y de tu entorno cambian sutilmente en ese momento. Tómate unos minutos para adaptarte a tu experiencia completa y percibe visualmente la zona inmediata que te rodea.
Concéntrate en el alcance total de la información visual que fluye hacia tus sentidos en el momento en que abres los ojos. Observa cómo de repente el foco de tu sentido de la vista cambia el modo de entender e interpretar la fuerza de tus otros sentidos. Lleva a tu compañero alrededor de los sitios donde has practicado la parte no visual de este ejercicio y que te muestre las cosas que has explorado antes. Ahora concéntrate en recoger toda la información visual que te sea posible, anotando los detalles y la forma en que esos detalles se combinan para formar un conjunto visual. Por ejemplo, observa los nervios de las hojas marchitas y las ondas de la fuente. Como en la primera parte del ejercicio, tú y tu compañero no debéis hablaros uno al otro, sino que debéis comunicaros de forma no verbal cuando explores los campos visuales.
Ahora siéntate en el centro de la zona que hayas elegido y respira profundamente. Observa el modo de percibir el color. ¿Qué colores has elegido para llevar en esta ocasión? ¿Qué colores pueden verse en tu entorno inmediato? ¿Cuando echas una mirada, qué colores ves a lo lejos?
Cuando mires a la lejanía, observa el modo en que el mundo a tu alrededor parece estrecharse y debilitarse en el horizonte. Un grano de arena en tu zona inmediata puede llegar a ser más significativo personalmente que una montaña lejana, o menos, dependiendo por completo de cómo enfoques tu atención visual.
Respira profundamente e inunda tus sentidos con todo lo que te rodea. No analices ninguna de estas sensaciones, pero deja que fluyan a través tuyo. Luego presta atención a varias combinaciones de sensaciones. Concéntrate, por ejemplo, en tus sentidos del olfato y el oído.
Si estás en la playa, escucha las olas romper en la arena y huele la humedad a tu alrededor. Ahora concéntrate en la vista y el gusto.
Percibe los cambios de luz en las olas y saborea la sal en el aire. Ahora concéntrate en el tacto y el oído. Escucha los sonidos cercanos y los sonidos lejanos; al mismo tiempo, siente tus ropas contra la piel y la
arena debajo de ti.
Instrucción de vuelo.— Después de terminar el Método Louvre, toma un descanso y emplea el resto del día divirtiéndote o realizando actividades que no tengan que ver con el Programa de Vuelo Libre. Esto dará a tu
mente oportunidad de asimilar las experiencias que has tenido hoy sin llegar a agotarte.
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